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Una ligera explicación de las tarifas aéreas

Butacas de aviónTal vez uno de los conceptos más difíciles de explicar sea el de las tarifas aéreas.   Que al subir al avión la persona de al lado haya pagado la mitad o el doble que nosotros puede no resultar fácil de entender, pero en realidad nos encontramos con situaciones similares en otros ámbitos de nuestra vida.

Puede que el vecino pagara mucho más o mucho menos por su casa que nosotros, siendo ambas idénticas.  O puede que al acudir a un concierto hayamos pagado más o menos por nuestra entrada que las personas que nos rodean.  Ambos son ejemplos de que en ocasiones el precio de un producto puede no ser fijo, sino que varíe por alguna causa.  Las compañías aéreas usan, salvo excepciones, un sistema de precios variables en los billetes que compramos y tres son las causas que justifican dicho sistema: antelación, oferta y competencia.

Antelación.  Es la puesta en práctica del “más vale pájaro en mano que ciento volando” o en este caso, más vale cliente que paga menos que cien que piensan si comprar o no comprar.  Las compañías aéreas ofrecen billetes a un coste menor a aquellos clientes dispuestos a comprar con más antelación y por tanto asegurar una venta con anticipo.  Como contrapartida, las condiciones de la tarifa que adquirimos suelen ser bastante restrictivas si deseamos cambiar fecha o ruta o si deseamos reembolsar el billete.

Oferta.  Y por tanto demanda también.  Por lo general los billetes en agosto suelen ser más caros que en octubre, por ejemplo, y aunque como clientes no nos guste, es entendible que las compañías aéreas anticipen una gran demanda para algunos vuelos y suban el precio encareciendo la oferta.  Por desgracia para nuestras cábalas sobre cuál es el mejor momento para comprar un billete, las aerolíneas hacen un seguimiento de la ocupación de un vuelo y de los beneficios que pueden obtener de él y suben y bajan el precio a fin de mejorar su rendimiento económico.  A diferencia de lo que se puede pensar, el objetivo no es llenar un avión cueste lo que cueste, sino conseguir un equilibrio perfecto entre ocupación y precio medio del billete.  Es una tarea clave para la que se dedican muchos recursos humanos y técnicos y podríamos extendernos en ella mucho más.

La competencia.  Las aerolíneas se fijan mucho en la competencia que tienen para cada ruta y evalúan sus precios antes de decidir si subir o bajar los suyos.  Aunque puede que a veces no les importe tener un precio más caro si saben que la demanda es suficiente: Los clientes con antelación volarán con la competencia a un precio más bajo y los más indecisos tendrán que tomar su vuelo a un precio mayor.  De todas formas, los márgenes en estos tiempos son muy ajustados como para encontrar con facilidad grandes diferencias entre unas compañías aéreas y otras.  Al menos esta causa siempre juega a nuestro favor.

Una vez explicados los motivos para subir y bajar los precios, trataré de explicar brevemente cómo se articula el sistema de precios variable:

Los que alguna vez hayáis intentado cambiar un billete puede que os hayáis encontrado con una respuesta del tipo “es posible cambiarlo pero no quedan plazas en su tarifa y deberá abonar una diferencia”.  ¿Plazas en mi tarifa? ¿Quedan plazas pero no en mi tarifa? ¿Qué significa todo esto?

Simplificando, porque de lo contrario nos alargaríamos demasiado, según la demanda que la aerolínea prevea de un vuelo en concreto, sus plazas se dividen en grupos, a cada grupo se le asigna una letra y a cada letra se le asignan uno o más precios diferentes.  El resultado es que de las 150 plazas de un avión por ejemplo nos encontramos:

10 plazas con la clase B.  Esa clase tiene precios entre los 10 y 20 euros.
15 plazas con la clase R.  Esa clase tiene precios entre los 20 y 40 euros.
50 plazas con la clase N.  Esa clase tiene precios entre los 40 y 60 euros.
25 plazas con la clase C.  Esa clase tiene precios entre los 60 y 80 euros.
25 plazas con la clase M.  Esa clase tiene precios entre los 80 y 100 euros.
25 plazas con la clase L.  Esa clase tiene precios entre los 100 y 120 euros.

Con este planteamiento inicial, ahora la compañía aérea se asegura un precio medio, pero además que el precio irá aumentando sólo, en función de la demanda y de la antelación.  Si cree conveniente subir o bajar precios, tan sólo tiene que permitir que más o menos plazas se vendan a un precio determinado.  Así, a grandes rasgos, es como se hace.

Por supuesto todo es mucho más complejo, pero esta entrada puede ser una pequeña introducción.  Me mantendré atento a todos los comentarios que surjan ya sea por aquí o por twitter y si es necesario ampliar esta información lo haré gustoso.

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